Si hacemos una vista aérea de Barcelona, podemos observar cómo las grandes superficies de naturaleza son totalmente rodeadas por la masiva construcción.
A lo largo de la historia la ciudad condal ha ido creciendo e incluso uniéndose con otros núcleos urbanos hasta el punto de formar una extensa área artificial.
No obstante, comparando Barcelona con otras grandes ciudades españolas, se puede ver un aprecio y un respeto del medio ambiente. Limitada por el este por el mar Mediterraneo y por el oeste por la montaña del Tibidabo, se ha ido edificando dejando libres zonas naturales como el Parc Güell o Montjuic, y creando otros muchos espacios verdes como el Parc de la Ciutat Vella.
En muchos aspectos se puede observar el esfuerzo en el que la ciudad de Barcelona ha ido consolidándose entre la naturaleza, mostrando su interés por conservarla en lo medianamente posible. Además, la arquitectura del siglo XXI intenta insertar nuevas zonas verdes, en ocasiones con nuevos conceptos de naturaleza, para disminuir o recuperar en lo posible, los daños causados anteriormente.
Para conseguir la completa convivencia entre la antigua y la nueva ciudad y la naturaleza, debemos aprender a fusionarlas, hasta el punto en el que se haga inapreciable el saber que es lo previamente existente, lo natural o lo artificial.





